Los mosaicos que se incluyen en la obra de Klimt fueron elaborados para la decoración del palacio que el industrial belga Adolphe Stoclet poseía en Bruselas. El friso consta de nueve tablas en las que encontramos elementos abstractos, estilizados y figurativos. La inspiración de los diseños debemos buscarla en los mosaicos bizantinos de Ravena -conocidos en un viaje a la ciudad italiana- y en el arte oriental budista e hinduista. El motivo central del friso es el Árbol de la Vida, el árbol de la sabiduría, un símbolo de la Edad de Oro en el que se reúnen todos los temas que tenían verdadera importancia para el artista, desde la mujer hasta el amor, tratándose una vez más de su obsesión por la vida y la muerte -representada en este caso por el ave negra- , uno de sus temas favoritos. Pero a diferencia de los otros encargos monumentales realizados por el maestro austriaco, el Friso Stoclet destaca no por el contenido sino por la decoración, siendo considerado por el propio Klimt como "la última fase de mi etapa decorativa". En efecto, líneas sinuosas dominan la composición, olvidando en algunos momentos la forma para acercarse a la abstracción. Así, dos de los paneles presentan decoración figurativa: La Satisfacción y La Expectación, situados uno frente al otro.
En la obra que contemplamos el decorativismo se adueña del vestido de la bailarina, suprimiendo cualquier referencia anatómica a excepción de los brazos y el rostro, en sintonía con los vestidos de algunos retratos como el de Adele Bloch-Bauer I. La geometrización de los elementos decorativos de su vestido -grandes triángulos dorados junto a otros de diversos colores, repitiendo las líneas sinuosas del fondo y con ojos entre ellos- convierte casi la figura en un elemento abstracto del que se salva la parte superior, donde podemos apreciar una de las típicas mujeres fatales de Klimt, con rasgos orientales en sintonía con las geishas. También encontramos elementos egipcios como los ojos e incluso la postura de la bailarina parece recordar las pinturas de las tumbas egipcias, así como la peluca trae a la memoria la formidable estatua de Nefertari. La inspiración para la realización de estos trabajos la encontró el pintor en los mosaicos bizantinos de Ravena, evidentemente más figurativos, pero no muy alejados en lo que a decorativismo se refiere.
Esto también ocurre en La Satisfacción, donde los dos protagonistas parecen desintegrase entre los motivos decorativos del fondo, las ramas del Árbol de la Vida que preside el conjunto. Frente a la pareja de amantes se ubica la bailarina que representa La Expectación. El tema del abrazo entre un hombre y una mujer es frecuente en la producción de Klimt, apareciendo siempre en los momentos más importantes. No olvidemos que su obra más famosa, El Beso, no deja de ser un abrazo entre dos amantes. Pero en este caso, la ornamentación parece engullir a los amantes. La amplia figura del hombre aparece de espaldas, abarcando a la mujer con sus fuertes brazos, permitiendo contemplar sólo una parte de su rostro y su brazo, cubierto con un vestido estampado, cuya silueta también podemos observar. El vestido del hombre sintoniza con los "trajes reforma" que el pintor usaba; está decorado con grandes círculos y elipses, formas cuadradas y rectangulares. Para algunos estudiosos el rectángulo sería el símbolo masculino mientras que el círculo simboliza lo femenino, por lo que nos encontramos ante una escena de claro significado sexual. Las formas sinuosas se adueñan de la composición y las figuras se adentran en este entramado de elementos geométricos de los que parecen formar parte.